Una gigante en Ramallo: la planta de súper fosfato simple que nutre al campo desde la costa del Paraná

12 de Julio de 2026

La fertilidad de los suelos argentinos se sostiene cada vez más sobre una ecuación en la que la tecnología y la reposición de nutrientes resultan determinantes.

En ese escenario, existe una planta que ocupa un lugar estratégico dentro de la producción nacional de fertilizantes: la Unidad Industrial Ramallo de Bunge, un complejo de dimensiones monumentales emplazado sobre la margen derecha del río Paraná que se convirtió en una de las mayores referencias del país para la elaboración de Súper Fosfato Simple (SPS).

Desde allí sale SPS Ramallo, uno de los fertilizantes fosfatados más utilizados por la agricultura argentina. Pero detrás de ese producto existe una estructura industrial y logística que impresiona por su escala.

UNA GIGANTE QUE SORPRENDE EN RAMALLO

El complejo ocupa 400 hectáreas y combina operaciones de acopio, almacenamiento, embarque, procesamiento de granos y producción de fertilizantes, transformándose en un verdadero nodo estratégico para el abastecimiento del sector agropecuario.

La magnitud de la planta permite producir hasta 270.000 toneladas anuales de Súper Fosfato Simple, con una capacidad de procesamiento de 40 toneladas por hora y una producción diaria que alcanza las 900 toneladas.

A ello se suma una capacidad de almacenamiento de materia prima y producto terminado superior a las 275.000 toneladas, lo que garantiza un flujo continuo de abastecimiento para distintas regiones productivas del país.

En este marco,la ubicación es uno de sus principales activos. Con 3.000 metros de costa sobre el río Paraná, la planta se integra a una infraestructura logística diseñada para movilizar grandes volúmenes de mercadería con eficiencia y competitividad.

El complejo cuenta con capacidad para almacenar 400.000 toneladas de granos y subproductos, 230.000 toneladas de fertilizantes sólidos y otras 20.000 toneladas de fertilizantes líquidos.

Además, dispone de una playa con capacidad para 1.000 camiones, una vía férrea interna de cinco kilómetros y cuatro plataformas volcadoras capaces de descargar hasta 430 camiones por hora.

La infraestructura portuaria también refleja la escala de la operación. El muelle posee una capacidad de embarque de 3.000 toneladas por hora y de descarga de 700 toneladas por hora. Incluso fue diseñado para operar buques tipo Panamax sin necesidad de reposicionamiento durante la carga, una característica que optimiza tiempos y costos logísticos.

A esto se suman cuatro celdas de almacenamiento de granos con capacidad para 100.000 toneladas cada una, consolidando un esquema que integra producción, almacenamiento y transporte en un mismo predio. Esa combinación convierte a Ramallo en uno de los centros neurálgicos para el movimiento de fertilizantes y granos de la región.

EL VALOR ESTRATÉGICO DEL FÓSFORO

La relevancia de una planta de estas características cobra aún más sentido cuando se observa la realidad de los suelos argentinos.

Según explicó la ingeniera agrónoma María Fernanda González Sanjuan, directora ejecutiva de Fertilizar Asociación Civil, la producción agrícola depende de nutrientes que no son creados por la industria, sino acondicionados para que los cultivos puedan utilizarlos de manera eficiente.

Los nutrientes no se fabrican. Lo que se fabrica son fertilizantes. Los nutrientes son elementos que encontramos en la naturaleza concentrados en algún lugar”, explicó la especialista.

En el caso del fósforo, uno de los nutrientes más importantes para los cultivos extensivos, su origen es mineral. Proviene de la roca fosfórica, que debe ser extraída y posteriormente transformada mediante procesos industriales. Argentina no cuenta actualmente con explotaciones significativas de este recurso, por lo que depende de la importación de materia prima, principalmente de Marruecos y Perú, entre otros países.

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Allí radica parte de la importancia de contar con una industria capaz de transformar esos insumos y convertirlos en productos adaptados a las necesidades de los productores. El Súper Fosfato Simple elaborado en Ramallo aporta fósforo y azufre, dos nutrientes fundamentales para sostener rendimientos y preservar la productividad de los suelos.

BRECHA PRODUCTIVA QUE TODAVÍA PUEDE CERRARSE

La situación es particularmente evidente en soja, el principal cultivo argentino. De acuerdo con los relevamientos de Fertilizar Asociación Civil, apenas el 48% de la superficie de soja de primera recibe algún tipo de fertilización, mientras que en soja de segunda el porcentaje cae al 17%.

Para González Sanjuan, esta realidad explica buena parte de la brecha productiva que aún persiste en el cultivo.

“¿Es posible aumentar los rendimientos mejorando la nutrición? Sí, claro que es posible”, afirmó la especialista al referirse a una red de 49 ensayos desarrollados durante una década por la entidad.

Los resultados muestran que existe un potencial significativo para incrementar la producción mediante estrategias de fertilización más completas. Según los estudios, la brecha promedio de rendimiento en soja ronda el 28%, lo que equivale a entre 800 y 900 kilos por hectárea que hoy se dejan de cosechar.

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La directora ejecutiva de Fertilizar sostuvo además que el fósforo es uno de los nutrientes que más limita la posibilidad de alcanzar mayores rindes. Por eso, el acceso a fertilizantes fosfatados adquiere una relevancia creciente en una agricultura que busca producir más sobre la misma superficie.

MUCHO MÁS QUE UNA PLANTA DE FERTILIZANTES

La Unidad Industrial Ramallo también refleja la dimensión global de Bunge, una compañía con presencia en más de 50 países, cerca de 34.000 colaboradores en todo el mundo, más de 155 instalaciones de procesamiento y una red logística integrada que moviliza más de 230 millones de toneladas de materias primas y productos.

En Argentina, la empresa cuenta con operaciones en ocho provincias y más de 4.100 colaboradores. Sin embargo, pocas instalaciones sintetizan tan claramente la integración entre industria, logística y producción agropecuaria como el complejo emplazado sobre el Paraná.

Mientras la agricultura argentina enfrenta el desafío de recuperar nutrientes y cerrar brechas de rendimiento que aún separan los resultados actuales de su verdadero potencial, la planta de Ramallo aparece como una pieza clave de esa cadena. Porque detrás de cada tonelada de fertilizante hay una infraestructura diseñada para que los nutrientes lleguen a tiempo al lote, allí donde comienza la próxima cosecha.

Fuente:   InfoCampo