Eficiencia y productividad: las “reglas para competir en un mundo abierto que no se pueden escapar”
08 de Octubre de 2026
Encontrar un rumbo en medio de un escenario internacional cada vez más incierto. Esa fue, en buena medida, la propuesta de la tercera edición de FARO, el Foro Agroindustrial Argentino de Rosario, organizado por AgroActiva y Salones Puerto Norte, que reunió a unos 380 asistentes bajo un concepto que atraviesa buena parte de las discusiones actuales: el mundo “G-Zero”.
La idea, acuñada por Ian Bremmer, presidente de Eurasia Group, describe una etapa en la que ninguna de las grandes potencias tiene la capacidad o la voluntad de ordenar el sistema internacional. FARO tomó ese diagnóstico y lo trasladó al terreno productivo: ¿cómo invertir, producir y exportar cuando las reglas son más cambiantes y no existe un actor capaz de ejercer como árbitro global?
Esta tercera edición, reunió a Maximiliano Díaz, Andrés Malamud, Roberto Vassolo, Juan Pablo Cosentino y Santiago Giraud, cinco miradas que recorrieron desde el acuerdo Mercosur-Unión Europea y la geopolítica hasta la estrategia empresarial, la tecnología, la inteligencia artificial y la macroeconomía argentina.
MERCADOS PREMIUM, PERO CON NUEVAS EXIGENCIAS
Maximiliano Díaz, magíster en Políticas Públicas y socio de Endógena Consultora, analizó el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea y sus posibilidades para cadenas como soja, maíz, bovinos, arroz y miel.
Para el especialista, el acuerdo representa una oportunidad para acceder a un mercado de alto valor, aunque exige una transformación productiva que vala de acuerdo a las exigencias de este importante mercado.
“Es una oportunidad de acceder a un mercado premium, un mercado que paga mejores precios, pero que también es un desafío de dar un salto productivo, donde tengamos un impacto ambiental menor y mejores márgenes para el productor primario”, señaló Maximiliano Días.
Entre los puntos destacados apareció la reducción comprometida de los derechos de exportación para la soja con destino a la Unión Europea, que Argentina llevaría al 14%.
Sin embargo, Díaz advirtió que el acceso a esos mercados estará acompañado por mayores exigencias de calidad, trazabilidad y certificación.
La geopolítica aportó una de las definiciones centrales de la jornada. Andrés Malamud, politólogo de la Universidad de Lisboa y especialista en relaciones internacionales, explicó que el mundo atraviesa una etapa en la que los mecanismos tradicionales perdieron capacidad para ordenar las disputas.
“Los problemas se tienen que resolver por la fuerza de uno o por el acuerdo de dos, no por la decisión independiente y neutra de un tercero. No hay referí, no hay juez y, por lo tanto, es la fuerza o la diplomacia”, sostuvo.
Para Malamud, la diplomacia se convierte así en un sustituto frente a la ausencia de instituciones capaces de hacer cumplir reglas compartidas. Y en ese escenario también encontró una particular ventaja para Argentina:
“Lo que siempre nos perjudicó hoy nos beneficia, que es la distancia. La distancia era cara y hoy la distancia es segura”, aseguró con convicción el politólogo Andrés Malamud. .
EFICIENCIA COMO BRÚJULA EMPRESARIAL
Si el escenario global es más imprevisible, la respuesta empresarial pasa por aquello que sí puede controlarse. Roberto Vassolo, profesor de Estrategia del IAE Business School, puso el foco en la eficiencia y la productividad como condiciones indispensables para competir.
“Por más que el mundo parezca que tiene tantas revoluciones, hay algunas reglas para competir en un mundo abierto que no se pueden escapar. Es un mundo que te va a demandar muchísima eficiencia y muchísimo foco en la productividad”, planteó el disertante.
Para las empresas argentinas, especialmente aquellas de menor escala, la alternativa también está en apropiarse de mayor valor mediante la diferenciación, el desarrollo de marca, la cercanía con el cliente y la inversión en investigación y desarrollo. En ese marco, competir deja de ser únicamente una cuestión de precios.
La tecnología fue otro de los grandes ejes. Juan Pablo Cosentino, especialista en tecnología e innovación, propuso dejar atrás una visión defensiva de la digitalización para convertirla en una herramienta de generación de capacidades.
“Propusimos una mirada más que de escudo, de fragua; que la tecnología pueda servir tanto defensivamente como proactivamente a desarrollar herramientas y capacidades para generar valor”, explicó el protagonista.
Su planteo incorporó un concepto clave: pasar de cadenas lineales a ecosistemas donde los actores con mayor desarrollo tecnológico puedan sostener a los más débiles. Para eso, la confianza aparece como condición indispensable para compartir información y construir respuestas colectivas.
En inteligencia artificial, Cosentino llamó a no confundir disponibilidad de respuestas con calidad de decisiones. “Cuando abundan las respuestas, el desafío está en tener el mejor criterio para elegirlas”, señaló, y advirtió sobre la necesidad de “no delegar cognitivamente” en sistemas que buscan respuestas plausibles y no necesariamente la verdad.
PRODUCIR EN UN ESCENARIO MÁS INCIERTO
El cierre de las exposiciones estuvo a cargo de Santiago Giraud, economista y responsable de Macroeconomía del Área de Economía de CREA, quien trasladó la discusión al escenario doméstico.
“El cambio de modelo en la Argentina deja al campo en las mismas condiciones de mercado que otros sectores, aunque cuesta más llegar a una estabilidad en el sector agropecuario”, sostuvo el economista.
La previsibilidad aparece así como un factor decisivo para una actividad cuyos ciclos productivos requieren inversiones y decisiones de largo plazo. Pero ahora los productores y empresas deben sumar a precios, costos y clima variables como las tensiones geopolíticas, las políticas comerciales y las nuevas demandas de los consumidores.
En esa agenda también apareció Santa Fe como pieza estratégica del comercio exterior argentino. El ministro de Desarrollo Productivo provincial, Gustavo Puccini, quien participó del acto inauguarl de Faro, destacó que el cordón portuario santafesino movilizó durante 2025 unos 75,7 millones de toneladas, y remarcó que en apenas 70 kilómetros, entre Arroyo Seco y Timbúes, se concentra casi el 76% de las exportaciones argentinas.
“Imagínense cuánto podríamos hacer si no tuviésemos retenciones; pudiésemos generar muchísimo más y ser más competitivos”, planteó Puccini, quien también anunció una ronda de negocios para el 29 de octubre en La Fluvial de Rosario, con 40 empresas mineras y unas 600 firmas santafesinas entre las registradas para convertirse en proveedoras.
La directora de AgroActiva, Rosana Nardi, fue otra de las voces de la jornada y reivindicó el encuentro entre los distintos actores del sector. “Sabemos lo que pasa cuando nuestra comunidad, los actores del campo argentino, se encuentra: aparecen ideas, se hacen negocios y el encuentro siempre nos hace crecer”, destacó.
A pesar de un clima lluvioso en Rosario, FARO 2026 cerró con una metáfora que excede al nombre del evento. En un mundo G-Zero, donde las reglas son menos previsibles y no existe un árbitro global capaz de ordenar el tablero, el agro argentino necesita encontrar su propio rumbo.
La respuesta planteada en esta ciudad santafesina no pasa solamente por producir más. Implica ser más eficiente, diferenciarse, incorporar tecnología, fortalecer la confianza, interpretar los nuevos mercados y tomar mejores decisiones. En definitiva, convertir la incertidumbre global en una oportunidad para construir competitividad.