¿Puede el sorgo tener una explosión como el girasol?: “Falta animarse a salir del esquema soja-maíz”
28 de Febrero de 2026
En las últimas campañas, el sorgo volvió a ganar espacio en los planteos agrícolas argentinos.
De acuerdo con un relevamiento realizado entre socios de distintas Regionales de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid), la superficie nacional se ubica históricamente entre 700.000 y 800.000 hectáreas, con picos cercanos al millón en contextos puntuales, como ocurrió tras los problemas sanitarios que afectaron al maíz en la campaña 2023/24.
Si bien el cultivo continúa relegado frente a soja y maíz en ambientes de alto potencial, su presencia se consolida en zonas marginales y en planteos mixtos, donde la estabilidad productiva y la rusticidad se vuelven atributos centrales.
En este contexto, las Regionales de Aapresid, como espacio de intercambio técnico entre productores de punta y referentes locales, cumplen un rol clave en compartir experiencias, ajustar manejos y reducir la incertidumbre en torno a un cultivo que aún tiene margen para crecer.
DIVERSIFICAR Y GESTIONAR RIESGOS
Juan Pablo Caliccio, ingeniero agrónomo y productor de la Regional Del Campillo, en el sur de Córdoba, asesora productores desde hace 14 años y viene incorporando sorgo en sus planteos desde hace varias campañas.
“El cambio no es masivo, pero quien lo hace busca diversificar. No hay mucha diferencia de precio con el maíz y permite cubrirse frente a incertidumbres climáticas y de mercado”, explica.
En su zona, el sorgo granífero comenzó a ganar lugar en los últimos dos o tres años, reemplazando parcialmente cultivos de renta en ambientes de menor potencial.
“Muchas veces va a los peores lotes: bajos anegables o lomas arenosas. En esos casos logramos entre 3.000 y 4.000 kilos, y creemos que en mejores ambientes podría alcanzar 6.000 o 7.000 kilos en secano”, detalla.
En sistemas mixtos, el sorgo forrajero sigue siendo protagonista. Los planteos para silo alcanzan entre 40.000 y 50.000 kilos de materia verde, con buenos resultados incluso en bajos salinos.
Para Caliccio, la principal limitante no es genética ni de mercado: “Es un tema de adopción. Hay más materiales disponibles y el precio acompaña. Falta animarse a salir del esquema soja-maíz”.
LA GENÉTICA Y EL DESAFÍO DEL PULGÓN AMARILLO
Desde la mirada de la industria, Agustín Cantó, gerente de Producto y Desarrollo de RAGT Argentina, destaca que uno de los principales avances recientes en el cultivo está vinculado a la genética y, en particular, al manejo del pulgón amarillo del sorgo.
“Hace tres campañas esta plaga empezó a tener un impacto muy fuerte. Es de desarrollo rápido y, en materiales susceptibles, puede provocar pérdidas totales del rendimiento”, advierte. Frente a este escenario, la disponibilidad de híbridos con tolerancia al pulgón se volvió un factor determinante para la viabilidad del cultivo.
Cantó remarca que la tolerancia no implica inmunidad, por lo que el monitoreo sigue siendo clave, pero sí permite reducir drásticamente el riesgo productivo.
“En híbridos tolerantes, con un seguimiento adecuado y una aplicación oportuna, el cultivo puede salir adelante. En materiales susceptibles, aun con varias aplicaciones, se puede perder el lote”, señala.
Este cambio en la genética fue clave para devolver previsibilidad al sorgo y reforzar su posicionamiento como alternativa defensiva en ambientes complejos.
TECNOLOGÍAS QUE FACILITAN EL MANEJO
Otro aspecto destacado es la incorporación de tecnologías que mejoran el control de malezas, uno de los principales cuellos de botella del cultivo. Tanto desde la industria como desde la experiencia a campo, se coincide en que lograr un stand limpio en los primeros estadios es crítico.
“El sorgo es muy sensible a la competencia temprana, sobre todo con gramíneas. Los primeros 40 a 45 días desde la emergencia son determinantes”, explica Cantó.
En ese sentido, la disponibilidad de híbridos con tolerancia a herbicidas específicos permite mejorar la implantación y reducir pérdidas de rinde asociadas a fallas de control.
Caliccio refuerza este punto desde su experiencia: “Cuando no se logra controlar gramíneas desde el inicio, el cultivo se resiente mucho. Por eso la elección del híbrido y el manejo temprano son claves”.
CLAVES DE MANEJO PARA CERRAR BRECHAS
Más allá de la genética, ambos entrevistados coinciden en que el manejo integral es el factor que define el resultado final.
El sorgo, al igual que el maíz, requiere una fertilización acorde al rendimiento objetivo. “Tiene requerimientos de nitrógeno y fósforo similares. Muchas veces se fertiliza poco porque va a ambientes marginales, pero si se apunta a más rendimiento, la nutrición tiene que acompañar”, explica Cantó.
Otros puntos críticos son la correcta elección del ciclo según ambiente y fecha de siembra, la densidad adecuada, evitando excesos, y el momento de cosecha.
A diferencia del maíz, el sorgo requiere mayor atención una vez alcanzada la madurez fisiológica, ya que el grano se deteriora rápidamente ante eventos climáticos.
LAS REGIONALES COMO ESPACIO DE APRENDIZAJE
El sorgo requiere información actualizada y ajustes finos. En ese proceso, las Regionales de Aapresid funcionan como espacios estratégicos para compartir resultados, contrastar experiencias y reducir brechas entre el rendimiento promedio y el potencial.
En un contexto de mayor variabilidad climática y necesidad de diversificación, el sorgo vuelve a ocupar un lugar en la agenda productiva. El desafío es capitalizar su rusticidad no solo para asegurar estabilidad, sino también para expresar su potencial productivo a partir de manejo ajustado y conocimiento compartido.